Mérida

19 Ene

Empecé el año viviendo en esta ciudad, ¿cómo es?

Este año estoy en Mérida, que más que una ciudad es como un pueblote, por más que los meridanos digan lo contrario. Vine aquí por cuestiones de trabajo y sigo adaptándome al estilo de vida.

Es cierto que aquí hace mucho calor. Todos saben que soy bastante friolenta, pero aquí sólo uso suéter en la oficina, cuando ponen el aire acondicionado y parece refrigerador.

Digamos que el invierno aquí es como la primavera en la Ciudad de México y no se antoja nada tomarse un ponche caliente. Este invierno, son contados los días que la temperatura bajó los 20º C.

Aquí al frío le llaman “heladez” y lo definen como “un frío húmedo que se mete hasta los huesos y no se quita ni con suéter, chamarra, cobija ni nada”. Por ridículo que parezca, he encontrado gente usando chamarra, botas bufanda y gorro de invierno. En mi experiencia, basta con un suéter y apagar aire acondicionado y ventiladores.

A lo que no me acostumbro es a que caiga un tormentón de repente, y como ya no salgo con suéter, siempre acabo empapada. Las lluvias refrescan en esta temporada del año, pero en verano sólo alborotan el calor.

Entre las cosas que me gustan de estar aquí es la casi inexistente contaminación del aire, lo que me evita complicaciones de asma y alergias; y la baja contaminación lumínica, que permite ver el cielo lleno de estrellas (¡cómo en las películas!).

Además, la vida aquí es bastante más económica que en la ciudad de México y no hay inseguridad.

Entre lo que no está tan padre son los mosquitos, aquí llega la variedad que transmite dengue, chikungunya y zika, y yo soy un imán de mosquitos. Mi solución es tomar complejo b, que me ha funcionado bien; o usar repelente, que sí funciona pero hay que aplicar cada 4 horas.

El primer día que estuve en mi departamento se metió una “besucona”, es una lagartija rosa/transparente que hace ruidos como de mandar besitos para reclamar su territorio. Ésas me dan cosa (¡son como humanitos reptilianos!), pero están en todas partes, no son venenosas y comen insectos.

Lagartija Besucona

Imagen de Flickr.

Las calles están llenas de basura. No es que haya un bote de basura cada tres pasos como en CDMX, pero tiran basura donde sea.

Los meridanos se quejan de los “foraños”, en especial gente de Quintana Roo y Campeche, que traen todos los problemas a Yucatán.

Y sí, todos son lentos hasta la desesperación. Cuando caminan, cuando manejan, cuando pides de comer… Donde son más o menos “rápidos” es en los lugares turísticos, aunque una vez tuvimos que cancelar una orden de tacos al pastor, luego de 45 minutos de espera.

El transporte público es de tarifa única, cuesta $8 y todos se paran de pestañas porque lo acaban de subir $1; la mayoría de las rutas llega al centro de la ciudad.

Casi todos son camiones viejos y descuidados; las rutas las operan empresas privadas de transporte de pasajeros y aún te dan un boletito cada que te subes, como hacía hace años el ruta100.

20170119_070502-1.jpg

La playa más popular está en Progreso, me queda a unos 40 minutos, pero no he ido.

Cuando empecé a contarle a mi familia y amigos cercanos que venía a Mérida, todos me dijeron que tenían conocidos aquí. Ustedes, ¿a quién conocen que viva en Mérida?

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