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Sabores y recuerdos

18 Oct

Todo el 2017 lo he pasado en Yucatán, y aunque disfruto la seguridad que hay en Mérida, extraño mucho la comida de “la capital”. Como dice mi papá “nos quedamos con el sabor del lugar de donde somos”

Ya me muero de ganas de regresar al centro del país, por más que la Península de Yucatán tenga una gastronomía deliciosa, es también un poco monótona y los ingredientes locales no tienen tanto sabor (casi no hay tierra fértil, y la que hay carece de minerales; el Atlántico también es menos salado que el Pacífico, o eso dice la leyenda).

Pero además del sabor que me falta en los ingredientes, muero de antojo de platillos que tengo asociados a mi familia, como escribió Marcel Proust en “En busca del tiempo perdido“, los recuerdos también se detonan por sabores, aromas o situaciones.

Para mí, como para muchos mexicanos, seguro tienen platillos preferidos que les recuerdan reuniones familiares y festejos específicos.

Los mejores tacos de suadero los preparaba mi abue Martín, el pozole verde es la especialidad de mi abue Elba, extraño los panqués y flanes que preparaba mi mamá, los tacos de barbacoa me recuerdan los desayunos con mi papá, las carnitas estilo Michoacán me recuerdan a uno de mis tíos…

Los sopes, pambazos y tostadas de pata son antojitos típicos de las reuniones con mi familia materna. Los chiles en nogada y el pulpo en su tinta, son característicos de mi familia paterna.

La primavera me sabe a arroz con leche, el verano a dulce de zapote negro, el otoño es de frutas en almíbar y el invierno a ponche de frutas.

Aquí ya dejé de buscar muchos de éstos platillos, porque nunca saben igual y eso me rompe el corazón de a poquito. Me emociona que ya estoy por regresar.

Y a ti, ¿qué sabores te traen recuerdos?

Imagen de Pixabay.

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Terremoto CDMX. Parte 1.

21 Sep

¡Qué difícil es saber que hay una emergencia y estar tan lejos!

Y es que desde mediados de agosto y lo que vamos de septiembre los desastres naturales no han dado tiempo para respirar; desde huracanes super poderosos que provocan inundaciones masivas, hasta sismos y terremotos que colapsan comunidades y ciudades enteras.

Creo que no sabía lo mucho que quiero a la Ciudad de México hasta que la vi tan rota como en los videos del terremoto del 19 de septiembre de 2017. Saber que hay edificios derrumbados en calles y colonias donde viven, trabajan y se mueven a diario amigos, familiares y conocidos me rompió el corazón, en especial en las zonas que reconocí como mis antiguos lares.

Notas como ésta, por ejemplo “¿quiénes son los Topos?” hacen que pierda la fe en la buena voluntad de los rescatistas, pero tienen un punto: en 32 años no se han profesionalizado para dar la mejor respuesta ante una emergencia.

Las noticias de personas asaltando en casas y afuera de las zonas evacuadas también son para perder la fe en los mexicanos, ¿qué tan mal hay que estar para aprovechar la tragedia y seguir lastimando a nuestros vecinos?

Les confieso que las primeras horas sentí mucha impotencia de no poder ayudar salvo por donaciones online; pero ver reacción inmediata de la sociedad ofreciendo sus casas, restaurantes convirtiéndose en comedores comunitarios, empresas de todos los tamaños ayudando en las comunidades.

Por otra parte, enterarme de la cantidad inmensa de voluntarios, víveres, centros de acopio y ayuda en general, me devolvió la certeza de que los buenos somos más, que vamos a salir adelante a pesar de todos aquellos que hacen leña del árbol caído.

Me resulta interesante saber la respuesta de las redes sociales para organizar, distribuir, alertar y ayudar a la población civil desde los primeros minutos me pareció fantástico; si bien, con el paso de las horas la información pasó a ser confusión, como en el caso del derrumbe del Plaza Condesa, pero de nuevo vinieron medidas para evitar el caos.

Espero poder volver sobre este tema más adelante, ya que creo que es el primer desastre en la ciudad de México que se vivió con redes sociales. También revisar el papel de los medios masivos, de los actores políticos y otras instancias de poder.